| SerieIntimismos
La
obra de José Pablo Solís es una pintura de atmósferas
y ambientes citadinos. Desde hace varios años, transita las
calles de San José, rebuscando en las paredes envejecidas
por la contaminación y el tiempo, huellas grafiadas y rastros
de colores aplicados una y otra vez.
De
capas superpuestas de pigmentos y otras materias estuvieron cubiertas
sus telas hasta las últimas producciones. Un registro del
tiempo en la cambiante materia de la arquitectura, parecía
habitar en la silenciosa atmósfera de sus colores oscuros.
La imposibilidad de rescatar la imágen que define a una ciudad,
hacía y hace abstracta la lectura de la misma. Algunos dibujados
sobre el fondo creaban un punto de partida en el cual situarse,
primero: los fragmentos arquitectónicos como ventanales y
puertas; luego las bicicletas y siluetas humanas. Posteriormente
esta última fue una misma imagen repetida, un grafiti convertido
ya en un símbolo.
Ana
Mendieta recreó su silueta con una connotación casi
mítica, en la cual buscaba en el ritual, unirse a la materia
primigenia y creadora. José Pablo Solís rescató
una silueta humana con un sentido más antropológico.
En
la obra actual, ésta aparece como un señal de reconocimiento
que encontramos en determindas huellas arqueológicas. Sus
colores han sido desapareciendo hasta quedar en blanco y negro con
hermosas gradaciones de grises.
El
espacio pictórico ha dejado de ser totalmente atmosférico
para contruirse con bases en perspectivas e ilusiones de profundidad.
Algunos signos que reitera crean contrapuntos y relaciones espacilaes
que rememoran referencias y apropiaciones. El enfoque y las construcciones
en el espacio tornan fotográficas algunas obras por sus contrastes. |