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se conoce personalmente a Juan Valladares, no se tiene la impresión
sino la certeza de que detrás de su fisonomía habita
un hombre tan humilde como disciplinado, tan abierto como riguroso.
Su habla evoca su lugar de origen (Chiclayo), pero evoca también
un equívoco mestizaje, en el cual cabría pensar en
las migraciones orientales producidas hacia las costas peruanas.
Caprichos de la etnología porque, pese a este equívoco,
Valladares es un mestizo andino, yo diría tan enigmático
y reservado como suelen serio casi todos los andinos.
Existen
otros rasgos de su personalidad, reconocibles de inmediato con el
trato: la voz baja, la extrema cortesía con el trato: la
voz baja, la extrema cortesía con que trata a su interlocutor,
el espíritu didáctico de su plática, quizá
formado en los años de docencia artística que la han
colocado a la cabeza del "Ateller 17" de París
como uno de los herederos de esa empresa cultural de renombre internacional
creada por el innovador S.W. Hayter. Y, en efecto, allí,
en el mismo taller donde realizara estudios de grabado de 1973 a
1975, Valladares imparte hoy lecciones a una comunidad joven de
artistas procedentes de todo el mundo.
Residente
en París desde 1972, a donde fue a dar con su formación
académica acumulada en la Escuela de Bellas Artes de Lima,
Juan Valladares lleva en su hoja de vida más de veinte años
de trashumancia y cosmopolitismo, circunstancias azarosas o deliberadamente
elegidas que también se oculta en su aspecto exterior pero
que nadie podrá borrar de su trayectoria artística.
Por estas razones, no vacilo en llamarlo un peruano universal. Porque
universal es su conocimiento del arte clásico y contemporáneo,
como peruanas son las raíces de su pintura, en la que se
confirman una de las verdades de todo gran arte: nacido de una memoria
cultural y de unas señas de identidad perticulares, se proyecta
al mundo sin desprenderse de sus orígenes. Numerosos artistas
latinoamericanos, de Roberto Matta a Rufino Tamayo, de Wilfredo
Lam a Alejandro Obregón y Fernando de Szyszlo - por citar
sólo algunas grandes figuras del arte latinoamericano-han
dado esta lección: no hay identidad que no remita necesariamente
a las raíces de nuestra propia cultura.
Artista
peruano surgio después de una generación que como
Armando Villegas, Angel Chávez, Arturo Kubotta y Venacio
Shinki ha asumido en plenitud los desafíos de la modernidad,
Juan Valladares es acaso, entre los artistas más jóvenes
de su país andino, quien mayor proyección internacional
ha tenido con su obra y con su ejemplar docencia artística.
Y nada de esto -repito- ensombrece la luminosidad de modestia ni
empaña la transparencia de su obra pictórica y gráfica. |
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